Neuropsicología de la Cognición Social

Neuropsicología de la Cognición Social
Neuropsicología de la Cognición Social

La cognición social se encuentra estrechamente relacionada con la supervivencia, ya que, para tener éxito en una interacción con otros miembros del grupo, no sólo debemos planificar un plan de acción propio, sino que también debemos tener una idea de la naturaleza de los deseos y planes de los demás. Para ello debemos saber qué es lo que necesitamos y debemos conocer lo que otros desean, para lo cual debemos crearnos una teoría de la mente (ToM) del otro. Éste es el origen adaptativo de la cognición social.

El ser humano ha basado su éxito evolutivo en el desarrollo de su cerebro, un cerebro que aprende y se modifica a sí mismo cada día de nuestras vidas. Pero ¿qué hace que nuestro cerebro sea tan eficaz? Tal vez podríamos señalar algunos hitos que nos confiere esta capacidad inusitada para aprender: la imitación, la predicción, la capacidad de hacer simulaciones dentro de nuestra propia cabeza y nuestro gran cerebro social. El término “cognición social” se ha definido, en un sentido amplio, como aquellos aspectos de la vida mental que permiten y forman la experiencia social. Se puede definir como un proceso neurobiológico, psicológico y social, por medio del cual se perciben, se reconocen y se evalúan los eventos sociales, para construir una representación del ambiente de interacción de los individuos y, posteriormente, generar el comportamiento social, es decir, la respuesta más adecuada según la circunstancia particular. Se relaciona con aspectos que van desde la percepción social (estadio inicial que evalúa las intenciones de los demás a través de su conducta), hasta el estilo atribucional (cómo se explica la conducta de otras personas). Así, la cognición social debe entenderse como la habilidad de construir representaciones de las relaciones entre uno mismo y los otros, y de usar flexiblemente esas representaciones para guiar el comportamiento social.

Podríamos dividir la cognición social en dos grandes grupos de procesos que forman la conducta social. Por una parte, los relacionados con mecanismos “cognitivamente impenetrables”, es decir, procesos automáticos, innatos, que no podemos modificar voluntariamente, y, por otra, capacidades adquiridas, contextuales y volitivas, que incluyen las ideas de autorregulación del comportamiento y de las emociones.

Aspectos clínicos de las alteraciones en cognición social:

Existen múltiples patologías con afectación neurológica que se acompañan de alteraciones en la cognición social. En las patologías del cerebro normalmente desarrollado (daño cerebral adquirido, demencia, etc.), la aparición de estos trastornos depende por completo de que se afecten los sistemas neurales responsables de la cognición social. Por otra parte, en otros trastornos, como los del espectro autista o la psicopatía, las alteraciones de la cognición social resultan centrales y prácticamente todos los miembros de dichas categorías presentan estos déficits, en mayor o menor grado. En el daño cerebral adquirido los correlatos clínicos de las alteraciones en las capacidades sociales y emocionales se corresponden con alteraciones de conducta y de trastorno orgánico de la personalidad. En este grupo se incluyen básicamente la desinhibición, la apatía, la agresividad y la labilidad emocional. Por otro lado, no todas las patologías que afectan a las emociones tienen una relación, al menos aparentemente, con la cognición social (por ejemplo, depresión, manía). Uno de los retos de la neuropsicología es el de conocer las relaciones entre la conducta (síntomas clínicos, ejecución en tareas), los procesos cognitivos y los sustratos neurales.

Evaluación de la cognición social:

–          Reconocimiento facial de emociones: es la capacidad de los individuos de reconocer formas básicas de expresión afectiva, la cual aparece en los rostros de las personas. Parece guardar más relación con estructuras como la amígdala, sobre todo cuando se refiere a expresiones de emociones básicas como el miedo o el asco.

–          Creencias de primer y segundo orden: ésta ha sido la prueba más utilizada para determinar la ToM. La mayoría de los niños de 6 años realizaban sin dificultad esta tarea, mientras que a los 4 años la hacían al azar. Se consideró que este descubrimiento era la evidencia de un déficit específico del autismo, el pensar sobre pensamientos del otro, esto es, “mentalizar”. Otro tipo de tareas que entrañan una mayor dificultad son las denominadas creencias de segundo orden, entre las que resulta paradigmática la historia del heladero:

“Es un día caluroso de verano. Juan y María están sentados en el parque cuando ven llegar una furgoneta de helados. Como no llevan dinero encima, María decide ir a buscar la cartera a su casa. El heladero le asegura que esperará en el parque, pero al cabo de unos minutos Juan ve que el heladero arranca la furgoneta para irse. Al preguntarle dónde va, el heladero contesta que se marcha a la zona de la iglesia porque en el parque apenas hay gente. Cuando el heladero va conduciendo camino de la iglesia, María lo ve desde la puerta de su casa y le pregunta dónde va. Así, María también se entera de que estará en la iglesia. Por su parte, Juan, que no sabe que María ha hablado con el heladero, va a buscar a María a su casa, pero no la encuentra. El marido de María le dice a Juan que ella se ha ido a comprar un helado. Pregunta: ¿dónde piensa Juan que María habrá ido a buscar al heladero?”.

Existe una estrecha relación entre la ejecución en estas pruebas y la memoria de trabajo, no sólo por la relación temporal que existe entre la maduración de las áreas cerebrales implicadas en la memoria operativa y la ejecución en este tipo de tareas, sino también porque en pacientes con daño cerebral observamos que pacientes con grave afectación del sistema ejecutivo central no pueden resolver estas tareas por dificultades en el registro, actualización, mantenimiento o inhibición de la información.

–          Comunicaciones metafóricas e historias extrañas: ironía, mentira y mentira piadosa. Para evaluar la comunicación metafórica se utilizan las historias extrañas de Happé , que se crearon inicialmente para evaluar la habilidad de los niños autistas a la hora de atribuir intenciones a los demás. Un ejemplo de estas historias son las de ironía, mentira y mentira piadosa. En cada una de las historias el personaje dice algo que no debía entenderse en sentido literal, y se solicita al sujeto una explicación de por qué el personaje afirma eso.

–          Las meteduras de pata (faux pas). Se utiliza para la valoración de la “sensibilidad social” que permitía diferenciar la ejecución de niños control de la ejecución en niños afectados por el síndrome de Asperger. En esta prueba, los sujetos deben leer 10 historias en las que el protagonista “mete la pata” en distintas situaciones sociales y 10 historias de control de tipo “aséptico”. Una de las historias de faux pas es la siguiente:

“Julia compró a su amiga Esther un jarrón de cristal como regalo de bodas. Esther hizo una gran boda y había tal cantidad de regalos que le fue imposible llevar la cuenta de qué le había regalado cada invitado. Un año después, Julia estaba cenando en casa de Esther. A Julia se le cayó una botella de vino sin querer sobre el jarrón de cristal y este se hizo añicos. ‘Lo siento mucho. He roto el jarrón’, dijo Julia. ‘No te preocupes’, dijo Esther, ‘nunca me gustó; alguien me lo regaló por mi boda’. ¿Ha dicho alguien algo que no debería haber dicho, o algo inoportuno?

–          La expresión emocional a través de la mirada: Otro ejercicio usado en las evaluaciones de la ToM es el test de los ojos de Baron-Cohen. Esta prueba consta de 28 fotografías en la versión para niños y 38 en la de adultos, y en ellas se observan las miradas de hombres y mujeres que expresan un sentimiento o pensamiento. Cada fotografía tiene cuatro respuestas posibles que aparecen en la pantalla y el sujeto debe elegir la más adecuada.

–          Empatía y juicio moral. Un aspecto que ha suscitado gran debate y polémica entre los estudiosos de la conducta humana, y que está relacionado con la ToM, son los juicios éticos o los denominados dilemas morales. Un ejemplo es el dilema del tren: “Un vagón de tren se dirige sin control hacia un grupo de cinco operarios que realizan obras de mantenimiento en la vía. Todos ellos morirán aplastados por la máquina si no encontramos una solución. Usted tiene la posibilidad de apretar un botón que activará un cambio de agujas y desviará el tren hacia otra vía donde se encuentra un trabajador realizando obras de reparación. El vagón mataría a este hombre, pero los otros cinco se salvarían. ¿Pulsaría el botón?

Estructuras relacionadas con los procesos cognitivos

PROCESO COGNITIVO/TAREAESTRUCTURA RELACIONADA
Reconocimiento facial de emocionesAmígdala
Creencia de primer y segundo ordenAmígdala y corteza prefrontal dorsolateral
Historias de ironía, mentira y mentira piadosaGiros frontal medial izquierdo y cingulado posterior
Faux pasCortezas prefrontal dorsolateral y orbitofrontal
Empatía y cognición socialGiro frontal medial, cingulado posterior, surco temporal superior, corteza orbitofrontal, polotemporal, amígdala, corteza prefrontal dorsolateral y lóbulo parietal

Así, la ToM puede compartir cierto paralelismo con el concepto de funciones ejecutivas, en el que, por un lado, se describe un componente más cognitivo (en la ToM serían las creencias de primer y segundo orden y en las funciones ejecutivas la memoria de trabajo o los procesos de planificación) y, por otro, un componente más emocional (en las funciones ejecutivas sería el marcador somático ligado a la toma de decisiones y en la ToM aspectos como los dilemas morales). En ambos casos los procesos cognitivos podrían considerarse “puramente” corticales (prefrontal dorsolateral) y los aspectos más emocionales participarían de un sustrato neural en el que se verían implicadas regiones como el sistema límbico, la ínsula (en la que se representarían los estados corporales) y el sector prefrontal ventromedial (como región de yuxtaposición entre los procesos emocionales y cognitivos). Así, podemos establecer un continuo entre la inteligencia cognitiva y emocional y la ToM y la empatía como la base de la inteligencia social. No debemos olvidar que la mayoría de los estudios sobre neuroimagen y ToM han intentado examinar este proceso mental desde una perspectiva unidireccional. Se ha analizado el efecto de ciertos estímulos en la mente o el cerebro de una persona, pero la interacción social en la que nos encontramos inmersos es necesariamente bidireccional. Para ello deberemos comprender que en la cognición social no sólo se hallan implicados procesos en los que no sólo los pensamientos, sentimientos o creencias son transmitidos de un cerebro a otro, y qué efecto producen en éste, sino también cómo ese cerebro está produciendo al mismo tiempo sus propios procesos para influir en la mente del otro.

Add Comment

Phone: 660367710
Fax: 954538707
41008 Sevilla
C/ Carretera de Carmona, 40. Local 1
Style switcher RESET
Body styles
Color settings
Link color
Menu color
User color
Background pattern
Background image